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«Café, tabaco y caña», de José Santos Chocano

Café, tabaco y caña

Preciosa composición de la época del Modernismo, del poeta peruano y continental hispanoamericano (El Cantor de América) José Santos Chocano (1875-1934), que en esta ocasión escribe en Sextetos decasílabos paralelos agudos. 

 

 

Esta es la historia de tres princesas,
que parece una fábula de esas
en que se impone verso español...

¡Esta es la historia o el cuento de Hadas
de tres princesas enamoradas
—a un mismo tiempo las tres— del Sol!

La una es negra, de ojos ardientes
y labios rojos, en que los dientes
jáctanse de una risa cruel:
limpio azabache su carne dura,
por un milagro se hace escultura,
porque en tal carne no entra el cincel.
India es la otra, de faz cobriza,
por sobre cuya tez se desliza
y se difunde gota de miel:
temblor de plumas le hace guirnalda
cruje haz de flechas sobre su espalda
corren tatuajes bajo su piel...
la otra es blanca como la nieve;
por sus cabellos oro llueve
sobre los hombros en plenitud.
Ella es la rubia virgen incauta:
sus labios piden sólo una flauta;
sus manos sueñan con un laúd...

(El Sol las llama... Las tres amantes
salen un día de sus distantes
tierras en busca del dulce bien;
y, así, la suerte juntarlas quiso
donde el Sol puso su paraíso,
en el que luego formó un harén.)

Cuando el Sol, harto ya de su noche,
saltaba a tierra, pasar la noche,
solía en juegos de tanto afán,
que al fin, tejía red de placeres,
con que, en los brazos de tres mujeres,
se iba él durmiendo como un sultán...

La amante negra  entretenía
con cuentos de ardua filosofía;
la india, siempre danzando a un son;
la rubia, apenas con el hechizo
que por los labios en un carrizo
le iba fluyendo del corazón...
—Cuenta tus cuentos, amada mía.
Te los oyera yo hasta que el día
me hiciese, al cabo, volver en mi...
(El Sol le hablaba, y ella no oía.)
Responde. ¿Tú eres la poesía?
—Ella temblando murmuró: —Si...
—Baila tus bailes, mi amada bella.
Sabré con besos borrar la huella
que en mis alfombras dejen tus pies....
(el Sol corría siempre tras ella.)
¿Tú eres la danza? —Ya tú lo ves...
—Sopla el carrizo, mi bien amada.
¿Quién no es, si te oye, sierpe encantada?..
(El Sol la urgía con intención..)
¿Tú eres la Música? —Ella apegada
contra el carrizo, no dijo nada,
más siguió dándole ese corazón...

Sucedió entonces que el Sol —tal quiso
volver el trópico un Paraíso—
por arte mágico hizo ante el
echar raíces a sus amantes;
y las princesas que fueron antes,
néctar se hicieron y aroma y miel...

Besó en los ojos a la de obscura faz,
e infundióle sacra locura:
la fiebre insomne del Ideal...
Su cabellera soltó ella al viento,
y a sus espaldas, en un momento.
brotó el prodigio de un cafetal...
El café lírico es la princesa
que nunca duerme y acaba presa
dentro de un grano como un coral:
el sueño quita y hace derroches
de fantasía mil y una noches,
como el bello libro oriental.
A la cobriza princesa, el fuego
del Sol un ósculo impuso luego
sobre los leves y ágiles piés;
y retorciéndose en espirales,
se hundió ella en tierra: sus funerales
fueron ceniza y humo después...
En el tabaco duerme escondida
una princesa que huye a otra vida
entre chispazos de íntimo hogar:
sale del trágico encantamiento,
y en el velo blanco se arroja al viento,
y a paso lento rompe a bailar...
A la princesa rubia, en la frente,
por fin, besóla trémulamente
el Sol: ella hubo tanta emoción,
que clavó en tierra la flauta, en donde
desde ese instante su miel esconde
la melodía de una canción.
Caña de azúcar es soñadora
princesa, en cuyos labios ya ahora
la flauta no hace ritual papel;
mas si en obsequio de los sentidos
no da esa caña dulces sonidos,
es porque en cambio destila miel...
Una princesa borda el desvelo,
otra en su danza sacude un velo
y otra ha una torre de albo cristal.
El café iluso provoca el vuelo...
El tabaco hace mirar al cielo..
La caña triunfa sobre el panal.

Esta es la historia de tres princesas,
que parece una fábula de esas
en que se impone verso español.
Esta es la historia o el cuento de hadas
de tres princesas enamoradas
—a un mismo tiempo— las tres del Sol!

«Cuento de mar», de Jorge Robledo Ortiz

[Precioso poema creado principalmente con estrofas de ocho versos, la mayoría  endecasílabos, pero entreverados ocasionalmente por heptasílabos, con tendencias aliradas, pero de rima asonante en los pares, como en los romances.  Estaba claro que este viaje requería una pipa, y allí está.  Gracias asimismo al poeta colombiano por acordarse de las Islas Canarias.]
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUENTO DE MAR

Voy a beberme el mar.
Ya tengo listo mi velero fantasma.
No le he trazado rumbos a mi ausencia,
no he fatigado el mapa
localizando zonas que no bailen
al macabro jazz-band de las borrascas.
Viajaré simplemente,
sin triangular alturas ni distancias,
llevando en el timón a Don Quijote
y la rosa del viento en la solapa.

Acompáñame tú, dulce chiquilla,
partiremos al alba,
cuando los alcatraces no dibujen
su ecuación de naufragios sobre el agua.
Arranca tus raíces de la tierra.
abre tu citolegia de nostalgias
y vamos a bebernos el océano
en la copa de luz de las montañas:

visitaremos todos los países,
los puertos y las radas.
Te compraré crepúsculos en Chipre.
Un elefante niño al sur del África.
Un gajo de luceros en Corea.
Dos elásticos tigres de Bengala.
El dolor milenario de un camello.
Y la fatiga estéril del Sáhara.

En el Japón te mostraré los biombos
con figuras bilingües y enigmáticas.
En Pekín buscaremos la muñeca
de blanco corazón de porcelana.
Haremos de bambú balsas de ensueño
para subir un río de esperanzas.
Y te daré un sombrero en forma de hongo
y unas chinelas para tu pijama.

Pasaremos a Escocia y a Noruega.
Después navegaremos a Finlandia
para buscar la estirpe de un vikingo
de ojos azules y de luenga barba,
que se murió coleccionando fiordos
en el álbum con sal de su nostalgia,
mientras su vieja pipa marinera
quemaba archivos íntimos del alma
.

Y siempre sin control, siempre viajando,
iremos al país de Sherezada
y allí te contaré Mil y una Noches
de reyes y de esclavas,
de romances y torres de marfil
de bazares, de alfombras y de flautas,
de madrigales y de surtidores
de pie como las cobras encantadas.

Subiremos al Rhin buscando a Wagner
y su Tetralogía desvelada.
Cazaremos los cisnes hiperbóreos
que abanican la muerte con sus alas.
Te diré que la música es un vino
que cuando estamos tristes se derrama.
Y que el silencio es un santuario celta
donde reposa el corazón de un arpa.

Y fatigando el mar, ¡Qué importa el tiempo!
visitaremos la ciudad sagrada,
la tierra de la cruz y del olivo,
la que escuchó el Sermón de la Montaña,
la patria de Jesús y de María
la que arrulló las bienaventuranzas,
la tierra donde un tosco carpintero
pulió a garlopa el globo de una lágrima.

En otro amanecer arribaremos
a las Islas Canarias.
te compraré su nombre que es un trino
diluido en el agua
.
Para pescar luceros en el fondo
te bastará la red de tus pestañas,
y aprenderás que a Dios también se llega
por el verde camino de las algas.

Si sueñas ver a Nápoles,
cruzaremos por mármoles de Italia,
y te daré una góndola en Venencia
y en Asís la humildad de una campana.
Compraremos al Dante sus Laureles
y a Benvenuto su luciente daga,
para tu muñequero de ilusiones
y tu azul inquietud de extravagancias.

Buscaremos ositos en Siberia
rutas de manzanilla al sur de España,
la sombra adolescente de Platero,
la capa de Unamuno en Salamanca,
la fatiga inmortal de Rocinante.
El dardo del Amor Clavado en Ávila,
la Morena ascendencia de “El Cachorro”
y el llanto de Boabdil sobre Granada.

Y cuando tengas sueño, mi pequeña,
cuando te canses de medir distancias
y no quieras viajar a la deriva
con la estrella polar a las espaldas,
te arrullaré, mientras mi vieja pipa,
que compré a un bucanero en Samarcanda,
quema frente a la noche de tus ojos
mi viejo contrabando de nostalgias
.

«La que fuma en pipa», de Donaciano Bueno Díez

(Soneto con dístico final de la serie que el autor llama "de medio pelo", y del que nosotros nos hacemos eco por la preocupación, pero recuérdese que cachimba y pipa son expresiones que en estos años readquirieron un realce insospechado, con la sabia venta como moda nueva de una práctica tan vieja como el narguile...)



 

 

 (palabras moribundas)

Es la que fuma en pipa, la cachimba,
mejor debe decirse que fumaba,
que aquí ya se acabó lo que se daba,
después de subastarse en una timba.

Y es que hoy ya no tiene quien la escriba,
del tiempo en que triunfó nadie se acuerda,
se fue como otras muchas a la mierda
muriendo poco a poco a la deriva.

Que voces hay que tiene el diccionario
de un tiempo en que gozaron de importancia
y hoy quedan para ejemplo funerario.

Después de subsistir sin militancia,
esclavas del maldito calendario,
quedaron ya sin chicha y sin sustancia.

A expensas del profit de los humanos
se espera te respeten los gusanos.

[Esperamos que el autor nos envíe fotos de sus buenos momentos de fumador de cachimba.]

Fuma, español, cuanto quieras...

Publicado en una sección llamada «Ripios del día» el miércoles 14 de Enero de 1976 en el diario onubense Odiel, que era la prensa del movimiento de esa provincia.  Con nombre idéntico o semejante hubo muchos más periódicos que tuvieron secciones parecidas, de contenido humorístico en verso.

Su autor firma como Dr. Pica-Pica, pseudónimo con el que presentaba estos poemillas el autor fascista Jesús Arcensio Gómez Sánchez.  Este hombre tuvo vocación poética y así ha pasado a la posteridad con un callejón que lleva su nombre en Huelva.  Colaboró en la prensa con más cosas, incluso con responsabilidades, y durante un buen tiempo también fue cabaretero.  Probablemente eso le quitó algún resto de pudor que pudiera tener en sus años mozos.  El caso es que parece que nunca olvidó eso del versear, a pesar de altibajos en tal terreno y, ya con cierta edad y algo más de honorabilidad adquirida con los años, escribió poemas de más calado, pero también se fumaba su puro y lanzaba sus sátiras en verso, algunas de ellas seguían siendo directamente fascistas en esa época de transición política (como la que le dedicó al cura García Salve), pero otras las podría firmar cualquier pluma, independientemente de su inclinación ideológica.
En ese entrecamino se encuentran estas Redondillas.


SE HA DECLARADO LA GUERRA / AL TABACO, EN INGLATERRA

Hijas de la rubia Albión:
¡Tirad el rubio pitillo
que, tanto como al bolsillo,
hace daño al corazón!

El Consejo Educativo
para la Salud británica
ha iniciado una titánica
campaña.  En televisivo

alarde van a empezar
a demostrar cómo, al beso,
tan mal le va oler a queso
como a tabaco apestar.

No es «sexy», no lo es, fumar,
sino todo lo contrario,
en la B.B.C. a diario
podrán todos escuchar.

Y más de medio millón
de dólares se destina
a dejar la nicotina
sólo para exportación.

Quieren quitar validez
a eso del «fumando espero
al hombre que más quiero».
¿Fumar? ¡Uf! ¡Qué ordinariez!

A mí no me causa apuro
la británica campaña:
yo soy un hombre de España
y no renuncio a mi puro.

¡Ya está bien de imitaciones
de las modas forasteras!
Fuma, español, cuanto quieras
y resistan tus pulmones.

Y no es que Tabacalera
quiero que me tenga en cuenta.
Lo cierto es... ¡que me revienta
tanta influencia extranjera!

====


Siguiendo con el tono satírico, hemos encontrado también este otro, en forma de Soneto, de 9 de Septiembre de 1976, en la misma sección y diario:

ME PARECE ESTE SOLDADO / EN EXCESO DELICADO

De amplitud de criterio yo presumo;
pero encuentro un poquito exagerado
que un cabito alemán muy delicado
arme tanto jaleo por el humo.

El director no fuma. Yo, sí fumo.
Y, hasta el presente, nunca se ha quejado
de que esté su despacho tan ahumado
por el terco fumar con que le abrumo.

Si no aguanta ni el humo de un cigarro
este cabo alemán ¿soportaría
en el combate el de un cañón o un carro?

Yo a dormir al relente le pondría
hasta que se pillara un buen catarro.
¡El aire puro así aborrecería!

=====

«El cigarro», de Florencio Balcarce


EL CIGARRO
 

{Esta composición fue escrita en Granbourg, Francia, residencia del general D. José de San Martín, a quien la dedicó el autor.}


En la cresta de una loma,
se alza un ombú corpulento,
que alumbra el sol cuando asoma
y bate si sopla el viento:
Bajo sus ramas se esconde
un rancho de paja y barro,
mansión pacífica donde
fuma un viejo su cigarro.

En torno los nietos mira,
y con labios casi yertos:
«¡Feliz», dice, «quien respira
el aire de los desiertos!
Pueda en fin, aunque en la fuente
aplaque mi sed sin jarro,
entre mi prole inocente
fumar en paz mi cigarro.

Que os mire crecer contentos
el ombú de vuestro abuelo,
tan libres como los vientos
y sin más Dios que el del cielo.
Tocar vuestra mano tema
del rico el dorado carro:
A quien lo toca, hijos, quema
como el fuego del cigarro.

No siempre movió en mi frente
el pampero fría cana;
el mirar mío fue ardiente,
mi tez rugosa, lozana:
La fama en tierras ajenas
me aclamó noble y bizarro;
pero ya, ¿qué soy? Apenas
la ceniza de un cigarro.

Por la Patria fui soldado
y seguí nuestras banderas,
hasta el campo ensangrentado
de las altas cordilleras:
Aún mi huella está grabada
en la tumba de Pizarro.
Pero, ¿qué es la gloria? -nada;
es el humo de un cigarro.

¿Qué me dejan de sus huellas
la grandeza y los honores?
Por la paz hondas querellas,
los abrojos por las flores:
La Patria al que ha perecido
desprecia como un guijarro...
Como yo arrojo y olvido
el pucho de mi cigarro.

Las horas vivid sencillas
sin correr tras la tormenta:
No dobléis vuestras rodillas
sino al Dios que nos alienta.
No habita la paz más casa
que el rancho de paja y barro;
gozadla, que todo pasa,
y el hombre como un cigarro».

=====

«Tabaquería», de Fernando Pessoa

 

TABAQUERÍA

 

(Poema reflexivo de Fernando Pessoa (1888-1935), bajo uno de sus pseudónimos, Álvaro de Campos, escrito en portugués.  Hemos visto varias traducciones.  Esta es del poeta Octavio Paz.)







No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién son
(y si lo supiesen, ¿qué sabrían?)

Ventanas que dan al misterio de una calle cruzada constantemente por la gente,
calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
con el de la muerte que traza manchas húmedas en las paredes,
con el del destino que conduce al carro de todo por la calle de nada.

Hoy estoy convencido como si supiese la verdad,
lúcido como su estuviese por morir
y no tuviese más hermandad con las cosas que la de una despedida,
y la hilera de trenes de un convoy desfila frente a mí
y hay un largo silbido
dentro de mi cráneo
y hay una sacudida en mis nervios y crujen mis huesos en la arrancada.

Hoy estoy perplejo, como quien pensó y encontró y olvidó,
hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
a la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.
Como no tuve propósito alguno tal vez todo fue nada.
Lo que me enseñaron
lo eché por la ventana del traspatio.

Ayer fui al campo con grandes propósitos. Encontré sólo hierbas y árboles y la gente que había era igual a la otra.
Dejo la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?
¿Qué puedo saber de lo que seré, yo que no sé lo que soy? ¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas! ¡Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas que no podemos ser tantos!

¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se creen en sueños genios como yo
y la historia no recordará, ¿quién sabe?, ni uno,
y sólo habrá un muladar para tantas futuras conquistas.

No, no creo en mí.
¡En tantos manicomios hay tantos locos con tantas certezas! Yo, que no tengo ninguna ¿puedo estar en lo cierto?
No, en mí no creo.
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
genios-para-sí-mismos a esta hora están soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, de veras altas y nobles y lúcidas-
quizá realizables,
no verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de la gente?

El mundo es para los que nacieron para conquistarlo
no para los que sueñan que pueden conquistarlo, aunque tengan razón.

He soñado más que todas las hazañas de Napoleón.
He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto más filosofías que las escritas por ningún Kant.
Pero soy y seré siempre el de la buhardilla,
aunque no viva en ella.
Seré siempre el que no nació para eso.
Seré siempre sólo el que tenía algunas cualidades,
seré siempre el que aguardó que le abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta,
el que cantó el cántico del Infinito en un gallinero,
el que oyó la voz de Dios en un pozo cegado.
 

¿Creer en mí? Ni en mí ni en nada.
Derrame la naturaleza su sol y su lluvia
sobre mi ardiente cabeza y que su viento me despeine
y después que venga lo que viniere o tiene que venir o no ha de venir.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos al mundo antes de levantarnos de la cama;
nos despertamos y se vuelve opaco;
salimos a la calle y se vuelve ajeno,
es la tierra y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(Come chocolates, muchacha,
¡Come chocolates!
Mira que no hay metafísica en el mundo como los chocolates,
mira que todas las religiones enseñan menos que la confitería.
¡Come, sucia muchacha, come!

¡Si yo pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú los comes! Pero yo pienso y al arrancar el papel de plata, que es de estaño,
echo por tierra todo, mi vida misma.)

Queda al menos la amargura de lo que nunca seré,
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico que mira hacia lo imposible.

Al menos me otorgo a mí mismo un desprecio sin lágrimas, noble al menos por el gesto amplio con que arrojo,
sin prenda, la ropa sucia que soy al tumulto del mundo
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú que consuelas y no existes, y por eso consuelas,
Diosa griega, estatua engendrada viva,
patricia romana, imposible y nefasta,
princesa de los trovadores, escotada marquesa del dieciocho,
cocotte célebre del tiempo de nuestros abuelos,
o no sé cual moderna -no acierto bien la cual-
sea lo que seas y la que seas, ¡si puedes inspirar, inspírame!

Mi corazón es un balde vacío. Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco,
me invoco a mí mismo y nada aparece.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, la acera, veo los coches que pasan,
veo los entes vivos vestidos que pasan,
veo los perros que también existen,
y todo esto me parece una condena a la degradación
y todo esto, como todo, me es ajeno.)

Viví, estudié, amé y hasta tuve fe.
Hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por ser él y no yo.
En cada uno veo el andrajo, la llaga y la mentira,
y pienso: tal vez nunca viviste, ni estudiaste, ni amaste, ni creíste
(Porque es posible dar realidad a todo esto sin hacer nada de todo esto.)

Tal vez has existido apenas como la lagartija a la que cortan el rabo Y el rabo salta, separado del cuerpo.

Hice conmigo lo que no sabía hacer.
Y no hice lo que podía.

El disfraz que me puse no era el mío.
Creyeron que yo era el que no era, no los desmentí y me perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
la tenía pegada a la cara.
Cuando la arranqué y me vi en el espejo,
estaba desfigurado.
Estaba borracho, no podía entrar en mi disfraz.
Lo acosté y me quedé afuera,
Dormí en el guardarropa
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo.
Voy a escribir este cuento para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosa que yo hice
y no encontrarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente:
Pisan los pies la conciencia de estar existiendo
como un tapete en el que tropieza un borracho
o la esterilla que se roban los gitanos y que no vale nada.

El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta y se instala contra la puerta.
Con la incomodidad del que tiene el cuello torcido,
con la incomodidad de un alma torcida, lo veo.
El morirá y yo moriré.
El dejará su rótulo y yo dejaré mis versos.
En un momento dado morirá el rótulo y morirán mis versos.
Después, en otro momento, morirán la calle donde estaba pintado el rótulo
y el idioma en que fueron escritos los versos.
Después morirá el planeta gigante donde pasó todo esto.
En otros planetas de otros sistemas algo parecido a la gente
continuará haciendo cosas parecidas a versos,
parecidas a vivir bajo un rótulo de tienda,
siempre una cosa frente a otra cosa,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan cierto como el misterio de la superficie,
siempre ésta o aquella cosa o ni una cosa ni la otra.

Un hombre entra a la Tabaquería (¿para comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me enderezo a medias, enérgico, convencido, humano,
y se me ocurren estos versos en que diré lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarro la libertad de todos los pensamientos.

Fumo y sigo al humo con mi estela,
y gozo, en un momento sensible y alerta,
la liberación de todas las especulaciones y la conciencia de que la metafísica es el resultado de una indisposición.
y después de esto me reclino en mi silla
y continúo fumando.
Seguiré fumando hasta que el destino lo quiera.

(Si me casase con la hija de la lavandera
quizá sería feliz).

Visto esto, me levanto. Me acerco a la ventana. El hombre sale de la Tabaquería (¿guarda el cambio en la bolsa del pantalón?),
ah, lo conozco, es Estevez, que ignora la metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta).
Movido por un instinto adivinatorio, Estevez se vuelve y me reconoce;
me saluda con la mano y yo le grito ¡Adiós, Estevez! y el universo
se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza 
y el Dueño de la tabaquería sonríe.

«A una cubana», de Evaristo Ribera Chevremont

A UNA CUBANA

(Poema en eneasílabos anfíbracos con rima consonante en los pares, de Evaristo Ribera Chevremont (1896-1976).  Es curioso que este poema sea de un puertorriqueño.) 









Cubana de caña de azúcar,
cubana de rosa y clavel,
cubana de río y palmera,
con sol y salina en la piel.

Especias que pican y encienden
son menos que tú en el danzón,
cubana de dientes preciosos,
precioso y febril corazón.

Cubana, guajira y meneo
con rítmico y rápido pie,
la falda incendiada de sexo,
la boca olorosa a café.

El seno apretado y mordiente,
de brusco y carnoso temblor,
cortado de beso y mordisco,
quemado de sangre y sudor.

Cubana caliente y bonita,
bonita y caliente eres tú,
suave de hierbas y erguida
en tallo de fino bambú.

Y el dejo en la voz cariciosa,
untada de tórtolas
y sedosa de plumas y espumas
al darme los mimos a mí.

Cubana en la espesa manigua
con negro, mosquito y calor,
sonidos de huecas maracas
y truenos de congo tambor.

Cubana, guajira y refresco
de piña y de coco, y el son
batido, el tabaco veguero
y el vaso amarillo de ron.

«Invierno», de Julio Herrera y Reissig

INVIERNO

(Poema 'Soneto' de Julio Herrera y Reissig (1875-1910), perteneciente al libro «El teatro de los humildes», publicado póstumamente en 1913.)








El invierno embalsama, con sugestión de faustos
emolientes, las cosas... Ebria por el ventisco,
la luna sesga en postuma decrepitud su disco
de azogue, que hipnotiza los predios inexhaustos.

La casa se reposa... Se oye el balar arisco,
como una pesadilla de clamores infaustos,
en duelo de quién sabe qué antiguos holocaustos
que lloran en el alma cristiana del aprisco.

Riendo ante la bella Neith que su prez modula,
el viejo una gloriosa lágrima disimula...
Por fin, la besa y luego que solemne la escruta,

úngela de tabaco, y su dicha completa
picándola en su barba las mejillas de fruta,
que aterciopela un vello brumoso de violeta...

«El fraile y la monja», de Samaniego

EL FRAILE Y LA MONJA

(Poema de Félix María de Samaniego (1745-1801), perteneciente a «El Jardín de Venus».)










Hallándose cortejando
cierto fraile a una monjita,
mientras que la requebraba
le enseñaba su pi...
su pipa con que fumaba.

La monja, como era lega
y profesaba al otoño,
radiaba por darle entrada
y le enseñaba su co...
su copo con que ella hilaba.

El fraile, como enojado,
la dijo con disimulo:
-No fuera malito, hermana,
soplárselo junto al cu...
al cubo que saca el agua.

La monja, como agraviada,
le dijo sin agasajo:
-Váyase el fraile a la mierda
que le cortase el cara...
el caracolito que rabia.
1765

«Ratos buenos», de Evaristo Carriego

RATOS BUENOS


(Poema en 'Serventesios' de Evaristo Carriego (1883-1912) incluido en la sección 'Misas herejes' en la edición de 1913 de los poemas del autor.)




Está lloviendo paz. ¡Qué temas viejos
reviven en las noches de verano!...
Se queja una guitarra, allá, a lo lejos,
y mi vecina hace reír el piano.


Escucho, fumo y bebo, mientra el fino
teclado da otra vez su sinfonía:
El cigarro, la música y el vino,
familiar, generosa trilogía...


...¡Tengo unas ganas de vivir la riente
vida de placidez que me rodea!
Y por eso quizás, inútilmente,
en el cerebro un cisne me aletea...


¡Qué bien se está, cuando el ensueño en una
tranquila plenitud se ve tan vago!...
¡Oh, quien pudiera diluir la Luna
y beberla en la copa, trago a trago!


Todo viene apacible del olvido
en una caridad de cosas bellas,
así como si Dios, arrepentido,
se hubiese puesto a regalar estrellas.


¡Qué agradable quietud! ¡Y qué sereno
el ambiente, al que empiezo a acostumbrarme,
sin un solo recuerdo, malo o bueno,
que, importuno, se acerque a conturbarme.


Y me siento feliz, porque hoy tampoco
ha soñado imposibles mi cabeza:
En el fondo del vaso, poco a poco
se ha dormido, borracha, la tristeza...

1903

«Cuando hace mal tiempo», de Evaristo Carriego

CUANDO HACE MAL TIEMPO


(Poema 'Soneto' de Evaristo Carriego (1883-1912) incluido en la sección 'Poemas póstumos' en la edición de 1913 de los poemas del autor.)






Mientras dice la lluvia en los cristales
sus largas letanías fastidiosas,
me aduermo en las blanduras deliciosas
de las tibias perezas invernales.

El humo del cigarro en espirales
me finge perspectivas caprichosas,
y en la nube azulada van las cosas
insinuando contornos irreales.

¡Qué bueno es el diván en estas frías
tardes, fatales de monotonías!...
¡Qué bien se siente uno, así, estirado,

con una pesadez sensual!... ¡Quisiera
no moverme de aquí! ¡Si se pudiera
vivir eternamente amodorrado!
====

«Noche», de Vicente Huidobro

NOCHE


(Poema de Vicente Huidobro, 1893-1948.  De Poemas árticos,1918)







Sobre la nieve se oye resbalar la noche.
La canción caía de los árboles
y tras la niebla daban voces.

De una mirada encendí mi cigarro.
Cada vez que abro los labios
inundo de nubes el vacío.
                                      En el puerto
los mástiles están llenos de nidos

y el viento
                     gime entre las alas de los pájaros

LAS OLAS MECEN EL NAVÍ0 MUERTO

Yo en la orilla silbando
                    miro la estrella que humea entre mis dedos.
 
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«Humo y ceniza», de Pedro Antonio de Alarcón

HUMO Y CENIZA

(Poema en 'Soneto' de Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891), literato que destacó en la novela, y académico de la Lengua.)








Fumaba yo, tendido en mi butaca,
cuando, al sopor de plácido mareo,
mis sueños de oro realizarse veo
del humo denso entre la niebla opaca.

Mas ni la gloria mi ambición aplaca,
ni nada calma mi febril deseo
hasta que, envuelta por el aire, creo
verte mecida en vaporosa hamaca.

Corro hacia ti, mi corazón te evoca,
y cuando el fuego de tu amor me hechiza
y van mis labios a sellar tu boca,

de ellos, ¡ay!, el cigarro se desliza
y sólo queda, de ilusión tan loca,
humo en el aire y, a mis pies... Ceniza.

«El Tabaco», de Bretón de los Herreros

EL TABACO

(Poema en 'Octavas reales' de Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), dramaturgo y poeta, académico de la Lengua.)



Quizá no sea el primero pero, sin duda, es uno de los cantos poéticos clásicos más completos de alabanza al tabaco, hasta extremos que no podemos compartir.  En todo caso, incluye referencias y datos interesantísimos.  Nos falta comprobar la fecha exacta de composición y a qué poemario o publicación pertenece.


Canten otros el Nabo  y la Judía,
cantar que tiene a fe, cuatro bemoles;
lleve otro su poética manía
hasta el extremo de cantar las Coles;
cante alguno mañana u otro día
la gloria del arroz con caracoles;
mas con permiso yo de Horacio Flaco
canto las alabanzas del Tabaco.

    Si algún bien positivo a España trujo
nauta atrevido el genovés Colombo,
no el oro fue que Potosí produjo,
no el tostado café que sirve Pombo,
ni el ave tropical que habla por lujo;
¡No, nada de eso! O yo soy un zambombo,
o no vino de allá, ¡voto a dios Baco!,
mercancía más útil que el Tabaco.

    Negro, como el Brasil lo fabricaba
para arrollarlo en sempiterna soga,
que dulce al catalán como guayaba
le parecía cuando estaba en boga;
o en luengo puro, que hace echar la baba;
o en papelillo envuelto como droga,
o quemado en la pipa al modo austriaco,
inestimable yerba es el Tabaco.

    Reine la ley, o el despotismo aleve,
de la santa igualdad él es la escuela.
Fuma el último quídam  de la plebe;
fuma el prócer que brilla en carretela.
¿Qué hombre a decir a otro hombre no se atreve:
Hágame usted el favor de la candela?
¿Quién la niega al más ruin hominicaco?
¡Oh virtud fraternal la del Tabaco!

    ¿Qué importa si los pobres lo consumen
de Virginia o Kentuqui, a cuarto el puro?
¿Qué importa que otros prójimos lo fumen
habano rico, la docena un duro?
La calidad ¿qué importa si, en resumen,
flojo o más fuerte, claro o más oscuro,
barato o no, por consecuencia saco
que todo ello es fumar, todo es Tabaco?

    Un cigarro las fuerzas restituye
al tostado jayán que cava y suda;
la bota el zapatero no concluye
si el humo del cigarro no le ayuda;
el letrado con él chupa y arguye,
y si la gota crónica y aguda
aflige al sesentón hipocondriaco,
le alivia, más que el médico, el Tabaco.

    Al jugador que pierde su dinero,
al aguador que rompe su botijo,
en su hondo calabozo al prisionero,
al reo pregonado en su escondrijo,
al demente en su jaula, al mundo entero
es consuelo el fumar. ¡Oh qué bien dijo,
llámese Pedro o Juan, Diego o Ciriaco,
el que dijo: ¡a mal dar, tomar Tabaco!

    ¿Quién no ha visto en presidios y cuarteles,
cual su hacienda Esaú por un potaje,
vender a veteranos los noveles,
tras del último harapo de su traje,
y aunque sufran después ansias crueles
y el estómago hambriento se relaje,
el cotidiano pan negro y bellaco
para comprar dos onzas de Tabaco?

    Aunque andrajoso, abigarrado y feo
el soldado español vaya a la guerra
y tenga que vivir del merodeo
y descansar sobre la dura tierra,
(porque las corvas uñas de un hebreo
roban la plata que el Tesoro encierra)
derrotará al calmuco y al cosaco
si no le faltan pólvora y Tabaco.

    Amigo (otros dirían alcahuete)
es de Amor el Tabaco. So pretexto
de encender un cigarro, el mozalbete
a declarar su fin, no siempre honesto,
en el hogar de Brígida se mete...,
Aunque se expone a que con agrio gesto,
si es sorprendido haciendo un arrumaco,
padre o rival le den para Tabaco.

    Y ¡qué es ver a un currillo malagueño,
después que en Estepona hace el alijo
y el género cubano o brasileño
resguarda  del resguardo  en un cortijo,
con una mano de su dulce dueño
la cintura estrechar... ¡ay regocijo!...
mientras tiene en la otra su retaco
y en la boca la muestra del Tabaco!

    Y ¡qué es ver sobre el puente de Triana,
a babor y estribor terciado el dengue,
pasearse la gárrula gitana
columpiando con brío el bullarengue,
y encendido un chicote de La Habana
desafiar osada a Dios y al mengue!
Movería a un bajel su aire de taco
y a otro el denso vapor de su Tabaco.

    Y si tomado en humo por la boca
da el Tabaco  momentos tan felices,
¿qué gratas sensaciones no provoca
cuando en polvo lo gozan las narices?
Dígalo la abadesa con su toca;
díganlo más de tres sobrepellices.
Cura hay que sorberá sal amoniaco
y dirá en su ilusión: ¡qué buen Tabaco!

    El segador que viene de Galicia
flaco vuelve a su tierra como alambre.
Por ahorrar un ochavo (¡vil codicia!)
se dejará morir de sed y de hambre.
Sólo el polvo  es su orgullo y su delicia
aunque en vez de rapé huela a cochambre;
ni siente ver vacío el sucio saco
si el fusique está lleno de Tabaco.

    Finalmente, el Tabaco es cosa grande,
ya al paladar o a la nariz se pegue,
y al que lo niegue, Dios se lo demande,
si hay algún temerario que lo niegue;
y sin que humana súplica me ablande
yo exclamaré fumando: ¡al cielo plegue
que salga un golondrino en el sobaco
al que sea enemigo del Tabaco!
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«A varios amigos tronados», de Bretón de los Herreros

A VARIOS AMIGOS TRONADOS

(Poema en 'Soneto' de Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), dramaturgo y poeta, académico de la Lengua.)






Esta turba famélica y bellaca
nunca se cansa de fumar de gorra;
como al hebreo en tiempo de Gomorra
yo os maldigo, y mi furia no se aplaca.

¿A qué tanto pedirme la petaca?
¿Cómo quieres, hambrón, que te socorra?
¿Soy acaso asqueroso hijo de zorra?
¿Recibo yo bajeles de Guaxaca?

¿Cómplice acaso soy del vicio ajeno?
Yo gano mi fumar con mi trabajo,
y en la aduana lo compro, malo o bueno.

Tú, que eres un pobre calandrajo,
estate sin fumar... o chupa heno...
o chúpate la punta del carajo.